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La
hospitalidad es una característica
esencial en la espiritualidad
benedictina,
la que nuestros padres en el
seguimiento de Cristo, copiaron de
las páginas de la Sagrada Escritura.
San
Benito que recogió en la Regla el
espíritu evangélico escribe: “A
todos se les dedicará el honor
correspondiente, sobre todo a los
hermanos en la fe y a los
peregrinos. (RB 53,2) Y “Se
mostrará la máxima solicitud en la
acogida de los pobres y peregrinos
porque en ellos se recibe más a
Cristo.”
La
importancia que da San Benito a este
recibimiento de huéspedes y
peregrinos queda reflejado en el
capítulo 57 que comienza con este
aserto: “La mesa del abad esté
siempre con huéspedes y peregrinos”.
En
esta Comunidad la acogida de
peregrinos forma parte de su
tradición. Coincidiendo con el auge
de las peregrinaciones al Apóstol
Santiago, las benedictinas
comenzaron su andadura de cuatro
siglos en el pueblo de Carbajal de
la Legua. El investigador de nuestra
historia escribe: “Las monjas tienen
un ‘hospital’, es decir, una
hospedería para atender a los
peregrinos necesitados que transitan
por el Camino Francés”. Al parecer
era “una casa. Una mujer se cuidaba
de ella”. (San Pelayo de León y
Santa María de Carbajal. Biografía
de una Comunidad femenina. García M.
Colombás. Montecasino, 1982)
Las
huellas de los peregrinos a Santiago
dejaron de registrarse por algún
tiempo. De tarde en tarde llaman a
la puerta del monasterio solicitando
acogida y descanso. Fue en Año
Compostelano 1993 cuando en un solo
día se recibieron setenta y tres
personas quienes, con su bordón y
calabaza, indicaban su verdadera
idiosincrasia. Fue la señal de que
el Camino despertaba de su letargo.
Surge la Asociación de Amigos del
Camino de Santiago “Pulcra Leonina”.
Desde este momento se comenzó a
trabajar conjuntamente para
proporcionarles la acogida más digna
posible.
La
mayor afluencia se aprecia en los
meses de verano en los que se
alcanza diariamente una cifra
aproximada de 150 peregrinos. Al
cabo de un año utilizan este
albergue más de 20.500 personas.
Un
hospitalero u hospitalera los recibe
e informa debidamente. Sella la
credencial y, si necesitan
asistencia médica, en el monasterio
hay personas tituladas médicamente
para una asistencia de primeros
auxilios y son orientadas hacia
centros especializados.
Una hermana de la Comunidad coordina
esta actividad humanitaria y
apostólica. Toda la Comunidad se
siente solidaria de este paso del
Señor por el monasterio.
Además del bienestar que
proporcionan las instalaciones se
invita a los peregrinos a participar
en la liturgia (Eucaristía,
Vísperas). La presencia es masiva en
el rezo de las Completas. Juntamente
con las hermanas recitan el himno,
salmo y oración correspondiente y el
canto de la Salve a la Madre de
Dios, titular de esta casa. La
“bendición del peregrino”
y unas palabras de Madre Abadesa los
anima a reemprender el camino en la
próxima jornada siguiendo las
huellas de quien es Camino, Verdad y
Vida, Nuestro Señor Jesucristo.
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